31/3/08

Despedidas

Y otro final que se acerca de nuevo, como en un eterno mandala, debo irme para poder volver a mi segunda casa.... ya me atrevo a nombrarla así.
La primera vez que visité este país no había internet, la rupia costaba cinco pesetas, el mundo estaba mal, pero no tanto como ahora, sólo los de la CIA conocían a Bin Laden, Yugoslavia se desangraba y Europa miraba a otro lado. Ahora está peor: calentamiento global, sequías constantes, más guerras, más pobreza, más desequilibrio entre ricos y pobres. La especie humana es sin duda el animal más curioso que he observado. Evolucionamos desde lo individual, tenemos un espíritu de supervivencia increíble, nos adaptamos a todas las situaciones posibles, pero no sabemos o no tenemos consciencia de nuestra colectividad como especie.
India es un claro ejemplo de como creo que somos los humanos: complejos, bellos, crueles, adaptables, misteriosos, feos, humanos y dioses...
No quiero ni puedo criticar a un país desde la perspectiva de un simple ser humano, nadie soy para hacerlo y mi ignorancia es patente en muchos aspectos. Cierto es, que cuando mas conoces a ese país y a sus gentes, mas te crees en el derecho de hacerlo, pero necesitaré diez vidas para conocer este....
Hoy estoy triste, muy triste por dejar a esta gente, pero también, y esta es la grandeza de India, me he levantado sonriendo, pensando que aunque solo sea por un día, sigo estando aquí y no puedo dejar escapar un segundo de Vida: a las seis de la mañana no he querido perderme el espectáculo de un nuevo bostezo hindú. Aun siendo la capital, Delhi conserva muchos de los aspectos que la hacen única de entre todas las capitales del mundo: sigo encontrándome al tullido esperando la salida de los primeros paseantes, al vendedor, que con amplia sonrisa, prepara la parada de zumos y espanta las primeras mocas. Una vaca y un toyota han hecho buenas migas durante la noche y duermen como enamorados, y a su alrededor, como despojos de una fiesta loca, se amontonan diminutos montones de basura a punto para ser recojidos que mezclándose con pequeños regueros de agua provinientes de casas y cañerías acaban encharcando las calzada. Me gusta. Me gusta el olor que hace la gente por la mañana, el aroma que desprenden los alientos debido el pan, esa mierda roja que usan de elixir bucal y por puro vicio. Me gusta la sonrisa bajo el bigote que tanto parece asustar al novato, y me gustan esas miradas fijas, clavadas en uno, examinándote sin pudor ni vergüenza. Me gustan las mujeres que, a pesar de las exigentes condiciones de vida y de suciedad que las envuelve, siempre aparecen en el cuadro inmaculadas, portando sus mejores colores y adornos, peinadísimas, con sus tobilleras de cascabeles y pulseras de colores. Me gusta el olor a dosa frita, me gusta el lassi de búfala recien hecho, me gusta ver las teteras humeantes a punto para servir el dulce chai, disfruto viendo como comen curd sentados en cualquier acera. Me gusta ver turistas con la boca abierta señalando cualquier suceso normal de la calle, me gusta dar los buenos días medio centenar de veces y ser contestado, me gusta que me deseen un buen día, me gusta que no funcione el calentador y bañarme a cubos, me gusta ver una parada de desayunos junto a los urinarios públicos y sentir esa mezcla dulzona de olores que a tantos repugna. Me gusta ver barberos por la calle afeitando y limpiando. Me gusta ver limpiadores de orejas, ciclistas sucios transportando fardos enormes, y vendedores de mangos para ollas. Me gusta cruzar una y otra vez la misma calle sorteando el intenso y anárquico tráfico, tan sólo por el mero placer de escuchar como me pitan o me esquivan sin apenas mirarme. Me gusta ver como la luz eléctrica sigue funcionando como por arte de magia mientras los cables cuelgan como lianas sin electrocutar a nadie. Me gustan las fachadas sucias y rotas y los socavones en las calzadas. Me gusta que me pregunten el nombre de mi padre o la edad que tengo antes de cojer un tren, me gusta ser interrogado cien veces por mi país, por mi situación laboral, familiar y civil. Me gusta ver como cada ciudad tiene a su dios preferido, y como hasta en Delhi, el mas sucio callejón puede albergar un templo o una mezquita. Me gusta ver a hindúes, musulmanes, sijs y cristianos, comiendo en el mismo restaurante en perfecta armonía, me gusta oír-no oír la insoportable música que ellos tanto adoran, me gusta ver un ratón, como ahora, asomando justo detrás de la pantalla del ordenador, me gusta informar de a donde voy y de donde vengo continuamente, me gusta.....
De este viaje me ha gustado tener como compañía a mi mejor amiga, no conozco a nadie que se mereciera mas visitar este país...ahora se dará cuenta de que lo podía haber hecho sola hace mucho, pues India te acoge, nunca de rechaza.....
Volveré porque me queda mucho por aprender, de mí y del mundo. Volveré porque debo visitar las provincias perdidas de Nagaland y Mizoram, porque quiero volver a bañarme en las playas del sur, porque en Varanasi tengo algo mas parecido a una familia que unos conocidos. Volveré porque Gopal y la mama Fuji lloraron cuando me fui. Volveré porque estoy invitado a pasar muchas vidas entre ellos, como me dijo Krrish. Volveré porque debo decirle a mis familiares que ya no están, que sigo portándome bien y el único teléfono que funciona correctamente se llama Madre Ganga. Volveré porque Mirek, el sin casta Domm que trabaja en los crematorios, me dice que le doy suerte y cada vez que vuelvo, su mujer se queda embarazada y la ultima vez fue niño, doble suerte. Volveré porque se muere de risa cuando le pregunto si los críos nacen bien oscuros y pequeños como él, o con cara de pato y blancos como yo. Volveré porque un día tendré hambre de verdad, y necesitare comer con las manos, sentir la comida con los cinco sentidos y no zampar como hago en Barcelona. Volveré porque necesito creer que no todos somos unos escépticos materialistas y que en el planeta hay seres humanos que priman su fe por delante de su bolsillo. Volveré porque le he prometido a Meshua Baba que le traeré un chaleco rojo con decenas de bolsillos, porque se acabara el incienso y solo lo encuentro aquí, porque mis sobrinos disfrutan con las fotos de los monos y los pequeños regalos que vienen de Asia, o porque alguien querrá que lo acompañe para conocer India..... tengo tantos motivos para volver......