3/9/10

Valor


Tengo la sensación de que apenas nos detenemos en valorar palabras que solían definir la verdadera esencia de las personas: coraje, humildad, sabiduría, nobleza, humanidad, valor, cobardía, maldad, ignorancia, etc... Palabras que pronunciadas ahora, en nuestro ambiente habitual, suenan a pasadas de moda, arcaicas, inútiles, y que incluso incitan a la risa irónica si no están respaldadas por otras como dinero, propiedades, nivel social, celebridad, (que diantres querrá decir eso??), se cataloga a la gente por el número de apariciones en la televisión. De nada sirve poseer el don de la generosidad, (se te considerará un iluso), nadie aprecia el valor, (sólo el provecho) y parece que entre todos hemos construido una sociedad poseída por el miedo a la pérdida material, muchos hay que venderían a su familia si vieran amenazado su patrimonio.
Tengo la suerte, y recuerden ustedes que la suerte también debes buscarla, de compartir mi vida con un ser extraordinario; sus valores éticos siempre son más importantes que su propio beneficio. Un ser a quien su extrema sensibilidad y empatía con el Otro le resulta muchas veces una experiencia dolorosa. Una persona que no me deja tirar un hueso de aceituna al suelo, justo al salir del mercado, debido al peligro que éste representa para los ancianos que puedan pisarlo..., y me lo dice tan seria y convencida. Poseer el don de la sensibilidad está cada día peor considerado, el pragmatismo impera y la sensibilidad suele confundirse con inocencia, debilidad o falta de coraje..... pues no, Marina tiene además un valor fuera de lo común....., me explicaré.
Cuando uno se plantea realizar un esfuerzo con el fin de conseguir un objetivo, el miedo no suele ser un factor determinante. Un escalador, por ejemplo, puede llegar a sentir miedo en un momento concreto de la escalada, pero no padece de vértigo, así que atribuirle valor a la pasión, no tiene nada de cierto. Tiempo atrás creí que era valiente por salir con una mochila y cuatro perras a perderme por el mundo, algunos te dicen, ¡Qué valiente!..., nada de eso, si uno se ha criado con libros de aventuras y el mejor poster fue un mapa del mundo, nada hay de especial.
El miedo que paso en muchos momentos, es rápidamente compensado, y con mucho, por el placer del viaje en sí.
Con el tiempo aprendí que cada uno de nosotros somos la suma de valores y defectos, de nuestras pasiones y de nuestros miedos, no en vano, nacemos con el miedo incorporado en nuestros genes y vamos sumando miedos inculcados y los de propia fabricación a nuestra vida: no es de extrañar que sobrevaloremos la palabra seguridad e infravaloremos la belleza de la incertidumbre.
Quien más quien menos reconoce con facilidad sus propios miedos: unos al compromiso, otros a la muerte, a la vejez, a los aviones, a las arañas, a los espacios cerrados, al mar, a las aglomeraciones.... Más difícil es comprender el miedo no compartido, y por lo que he comprobado, somos bastante inflexibles al juzgar los miedos ajenos.
Marina tiene, más bien tenía, miedo a viajar, le aterraba pensar el estar dentro de un avión nueve horas para después aterrizar en un país desconocido, con una cultura radicalmente opuesta a la nuestra, un idioma incomprensible y sin nada controlado ni reservado, ni nada...., tan sólo fiándose de mi..., pocas veces alguien ha puesto tanta confianza en mi persona.
He aprendido, viajando con ella, que una persona valiente, alguien que tiene Valor, es alguien que se esfuerza en superar sus propios miedos. Una persona que comprende que los miedos corrompen la propia esencia de nuestra libertad personal. En una sociedad acomodaticia como la nuestra, es fácil rehuir nuestras fobias y vivir en un ambiente donde podemos, en base a nuestras posesiones, mantener alejados esos miedos y seguir viviendo una vida que mal llamamos "normal". ¿Para qué correr riesgos?
Ver como ella superaba sus miedos, su motivación y fuerza personal, me ha hecho ver con claridad mis limitaciones, he comprobado que me queda mucho por hacer.....
Gracies guapa.

sensibilidad.
(Del lat. sensibilĭtas, -ātis).
1. f. Facultad de sentir, propia de los seres animados.
2. f. Propensión natural del hombre o la mujer a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura.
3. f. Cualidad de las cosas sensibles.
4. f. Grado o medida de la eficacia de ciertos aparatos científicos, ópticos, etc.
5. f. Capacidad de respuesta a muy pequeñas excitaciones, estímulos o causas.
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30/7/10

Mangalore....tristezas


Una pregunta inocente, una de esas preguntas de fácil respuesta que hacen los que van a visitar un país por primera vez, fue la que me trajo una extraña asociación de ideas, un pensamiento que enlazó sin sentido aparente con otro y éste con otro, hasta unirlos en una extraña simbiosis difícil de explicar, pues tal vez sólo tenga sentido para un servidor. El caso es que la pregunta y su posterior respuesta me hizo cavilar durante el resto del día dejándome sumido en una melancólica tristeza, y al cabo, con la esperanza de vislumbrar un poco más de luz entre las dudas que siempre tenemos los que nos preguntamos en silencio y rara vez encontramos respuestas.

- ¿Y podré dar de comer a los perros?. María José viaja a la India por primera vez y esa era una de sus dudas, lo que ya de por si nos da una idea de la especial sensibilidad que atesora, preocupada ella por todo y por todos. Le han contado que los perros son tratados de manera mezquina por los humanos por considerarlos reencarnaciones de formas de energía malignas. No es del todo cierto contesté: los perros son una de las "castas" bajas entre los animales, pero no por ello se les niega el derecho a la vida, a la libre circulación y a la reproducción; lo que bien mirado, es mucho más de lo que se les ofrece en occidente, donde sólo son reconsiderados por su utilidad o belleza y los que no, son sencillamente abandonados y exterminados. Además, hasta el gran Siva, recalco en falso tono erudito, cuando adopta su forma más destructora y malvada, cambia su montura habitual, Nandi el toro, por la de un can común y callejero. Es por lo tanto un animal más en el inmenso panteón hindú.
Le cuento que una vez intenté redimir los pecados de mis vidas pasadas dando tres vueltas sobre mi mismo mientras hacía acto de contrición ante la única figura, según me explicaron, que existe en la India representando a Siva sobre un perro: se encuentra cerca del templo de Kali, unos callejones más atrás de Lalita ghat en la ciudad santa de Benarés, y la imagen, puedo afirmarlo, es estremecedora.
Así que, por supuesto que puedes dar de comer a los perros, le contesto, nadie te dirá nada. Le cuento también, que en Delhi, cuando algunos habitantes de clase media alta propusieron construir algunas perreras para controlar y eliminar a las cada vez más frecuentes manadas de perros que vagan a su aire y pueden llegar a ser un peligro, el grueso de la sociedad se alzó indignada. Que tengan una mala existencia no implica que deban asesinarse.
Pensé que esos perros tal vez tengan una vida más afortunada que muchos perros europeos, pues durante su corta y miserable existencia, son libres de vagar a su antojo, olisquear traseros, fornicar cuando y donde pueden, comer basuras de todo tipo, dormir cuando tienen sueño, y como describe a la perfección Tom Auster en Tombuctú, parecen incluso capaces de elegir su destino....., a mí, pese a sus sarna y sus pulgas, me parecen más felices que esos perros de ciudad abandonados en hogares, o pudriéndose en perreras antes de ser exterminados, o a los que están condenados sin comunicación posible con nadie de su especie, a los que son castrados y disfrazados de marionetas, y los más, aguantando las neuras, depresiones y soledades de unos humanos que no tenemos quien nos haga compañía cuando tampoco servimos para nada, pues en nuestra sociedad, como explico a mis amigos Krish y Vijay, no tan sólo somos despiadados con el resto de los animales.... en ese instante apareció en mi memoria el cementerio de barcos del puerto de Mangalore.
Era mi segundo viaje por India y una estúpida curiosidad me hizo cambiar el rumbo para ver la ciudad, que descubrieron primero los árabes y que luego Vasco de Gama primero y decenas de europeos después, establecieron como punto de descanso, avituallamiento y reparación, en su viaje hacia el golfo de China. La verdad es que, como suele ser habitual, me llevé un decepción, acentuada por unas violentas fiebres intestinales que me dejaron para el arrastre durante una semana, lo que no me permite ser justo del todo. Una ciudad enorme y contaminada, moderna en los parámetros hindúes, donde las playas y el puerto que relataban los libros de mi infancia habían sido substituidos por grandes dársenas portuarias, bloques de cemento, aguas grises y pestilentes y tinglados de contenedores de todos los países del mundo. Me dejé llevar por el suave y cálido viento que proviene del mar de Arabia y siguiendo el puerto hacia las primeras playas que se adivinaban unos kilómetros más al sur, intenté imaginarme como sería cuatrocientos años antes.
En los despalmadores y atarazanas debería haber una actividad frenética: carros tirados por bueyes trajinando madera de los Ghates Occidentales para reponer mástiles y cuadernas, mercaderes contando y pesando cada onza de clavo, pimienta de Kerala, o el precioso azafrán venido del las remotas tierras de Cachemira. Montones de mangos, piñas y papayas y todo tipo de pescados ahumados. Mujeres tejiendo drizas o cosiendo redes de pesca, críos cargando agua potable en barriles, estibadores y esclavos sudorosos trabajando bajo el silbido del látigo mientras suben y bajan por las estrechas pasarelas. Como en las buenas novelas: playas tropicales y marineros sedientos, curtidos por la sal y la soledad mirando con un ojo las tabernas y con el otro las encantadoras mujeres morenas y de grandes ojos negros, tan diferentes y tan iguales a las que dejaron meses atrás en la península.
Iba pasando el rato cada vez más animado, pues bien es cierto que sólo vemos lo que deseamos ver, cuando fui a topar con el cementerio de barcos. Ahí, lejos de toda actividad, en una cala sedienta de mar, se acumulaban decenas de naves: cargueros, petroleros, barcos de pesca, remolcadores, un par de fragatas militares y toneladas de hierro y acero desguazados por la eficaz mano de obra barata hindú. Observé como algunos conservaban las estachas amarradas en oxidados norays, otros, quizá fruto de la marea o de alguna tormenta monzónica, se amontonaban sobre los más antiguos, aplastándolos sobre la sucia arena llena de petróleo y manchas de aceite, quebrándolos al fin con su peso hasta solo parecer masas informes de metal oxidado. Las pocas señales de vida eran unos cuantos trabajadores y un par de águilas volando unos doscientos metros más arriba, tal vez mirando perplejas en que convertimos los hombres lo que ya no necesitamos. Sentí una lástima infinita por esos barcos, por los marineros que ya no estaban..., por nacer demasiado tarde, ¿Quién sabe? Esos barcos no tuvieron una muerte digna.
Un barco, me dije, debería navegar siempre, de vez en cuando no está de más tocar tierra firme, pero el resto de su vida debería transcurrir en el medio para el que fue creado, como esos perros hambrientos, como nosotros. Tuve la certeza en ese instante de que la inmovilidad...pudre.
Me prometí que nunca me dejaría oxidar, abandonar y pudrir en cualquier puerto cuando sea innecesario y nadie se acuerde de mí. Que como esos barcos, todos deberíamos tener la oportunidad de una última travesía, un último trayecto, tal vez en busca de esa ola gigante, del Tifón de Conrad, y que tras vivir y luchar en su elemento, al fin descansar para siempre en el fondo de su mar y no siendo pasto de miradas tristes, de un desguace lento y humillante y un abandono eterno, hasta terminar sin ser reconocidos.
Así que de esos perros vinieron estos lodos, recordándome que las estachas sólo son necesarias cuando las pones de propia voluntad, que no deberíamos dejar que los sueños se alejen por miedo a una tormenta o la incertidumbre. Que más vale una vida algo desgraciada, insegura y muchas veces triste, pero real, con sus pequeñas pero inmensas alegrías, que una vida eternamente falsa, sin arrugas ni malos olores.
Sin duda, el final es el mismo para todos, pero señores, hay maneras y maneras de acabar.
A Don A.P.R. por enseñarme a leer....

1/7/10

India, first day....







Unos cuatro millones y medio de turistas visitan la India cada año; para algunos es el viaje deseado, para otros es un país más en sus vacaciones estivales, algunos creen que ahí encontrarán cierta luz. Muchos, hechizados por vete a saber qué razón, volvemos y volvemos, y para otros, es sencillamente su primera vez.

Sin ánimo de adoctrinar, ni esperando que se den por buenos algunos consejos, escribo estas lineas con el espíritu de que un mal comienzo no os haga desistir ni renunciar a ver un país inconmensurable, sin medida....
Ya nada más llegar, y más en estas fechas, sentirás que al salir del aeropuerto, y eso que se suele llegar de noche cerrada o madrugada, el aire es un poco más denso de lo que jamás hubieras imaginado, el calor no será terrible como en los meses de mayo o junio, pero deberás acostumbrarte durante las primeras noches a dormir sintiendo que el mundo a dejado de moverse, que el aire fresco es una quimera del pasado y que tu mejor aliado es ese destartalado y ruidoso ventilador instalado justo encima de tu cama. No recomiendo dormir con el aire acondicionado, pues es la causa número uno de fuertes resfriados, pero allá cada cual.
Un poco antes del amanecer te despertarás al son de bocinadas, claxons, timbres y silbatos: es la banda sonora que te acompañará en cualquier ciudad hindú por el resto de tus días.
Antes de bajar a la calle, es aconsejable mirar desde la ventana, si se dispone; parecerá como si un niño gigante hubiera pisado un hormiguero de humanos y todos andarán de acá para allá sin orden ni concierto, no lo creas, cuando pises el asfalto o lo que queda de él y te sumerjas en ese caos comprobarás que un orden cósmico controla de alguna manera toda esa marabunta y que los accidentes y atropellos son casuales y escasos en relación al volumen y densidad de artefactos, animales y humanos, que circulan con sus propias leyes de tráfico, que no está de más recordar pues en nada se parecen a los nuestros: un elefante tiene preferencia, por cuestión de tamaño no de rango, sobre una o más vacas, éstas si que disponen de preferencia sobre todo tipo de vehículos y humanos. El resto de los animales, ya sean monos, perros, cerdos, cabras o cuervos disponen de una extraña bula para interferir en el denso tráfico. Los camiones, enormes cacharros de hierro pintados de vivos colores, tienen preferencia sobre los autobuses y éstos sobre cualquier trasto que circule con una o más ruedas. Los coches tienen preferencia sobre triciclos y rick-chow, y éstos sobre las motocicletas, y éstas sobre bicicletas y carros tirados por humanos. Nosotros, como vulgares humanos destinados al ciclo de reencarnaciones, no tenemos preferencia, aunque no debes sentirte violentado si eres el blanco de numerosas bocinas y timbres de toda clase. En la India no eres nadie si no circulas con una mano apoyada en el claxon...
Es el momento de bajar a la calle por primera vez: un amigo me comentó que la India era..., era, demasiada gente, demasiado ruido, demasiados dioses, demasiados olores, demasiado calor, demasiado tráfico..., demasiado de todo.
Es cierto. En la puerta de tu hotel, apenas hayas dado cuatro pasos sentirás la cálida acogida hindi: siempre habrá alguien diciéndote algo: un taxi, un ciclista, un vendedor de patos de goma, un guía experimentado, un comisionista, un despistado, un vendedor de soda, otro de hachís y otro de seda, el que te ofrece samosas, o el que te susurra donde encontrarás el mejor desayuno de Parganj, el que se ofrece para ayudarte mientras tratas de orientarte en un inútil mapa al que se sumarán media docena más por cada tres minutos que estés parado mientras expresan, miran y preguntan. Desconocidos se sumarán a la charla expresando todos una opinión que agrade y no ofenda. Ya habrás contestado media docena de veces de donde vienes, a donde vas, que haces y de que trabajas. Nunca debería importarte perder tiempo con la gente, estás de vacaciones, pero cuando alguien te incomode o te ofrezca algo ilegal o sospechoso, tan sólo debes atravesarle con la mirada como si no existiera y no responder a nada de lo que te dice. Es una forma de descortesía muy usada entre ellos, verás como no se sienten ofendidos y funciona de una manera relativamente eficaz. No te enfades, disgustes y seas mal educado... aunque esto también deberíamos hacerlo en nuestro país...
Una gran cantidad de niños y pedigüeños se acercarán a pedir lo que sea, desde una rupia a un kilo de arroz, mi consejo es que no des dinero a los niños y lo guardes, siempre en monedas de cinco rupias, ( el acopio de monedas es una de mis primeras labores), para enfermos y viudas. Demasiadas veces veo como un turista suelta un billete de veinte euros en las manos de un crío; flaco favor le están haciendo al niño, de verdad, pues el niño no sabe que sólo recibe dinero por eso, por ser niño, y crecerá pensando que la mendicidad y la caridad del blanco ofrece mucha más recompensa que el trabajo duro de sus padres, la cruda realidad le golpeará cuando sea adolescente, no sepa leer ni escribir y ya no de tanta pena a los turistas. Es mucho más divertido, aunque desde Europa pueda parecer inmoral, que se ganen un dinero o una buena pitanza haciendo algún recado o trabajo para ti: resulta sorprendente lo honrados que llegan a ser y el mismo crío que me pide un dólar, se ofrecerá gustoso a ir a cambiarme un billete de 500 rupias en moneda pequeña mientras espero bajo una sombrilla tomándome un chai, a cambio de unas manzanas, un thali callejero o unos dulces.
Es importante tener conciencia de que no vas a mejorar un país con un par de buenas acciones y todos los consejos que quieras repartir, pero si que puedes empeorarlo con la desidia y el paternalismo mal entendido que gastamos los occidentales, así que actúa, pero no moralices. India es un país complejo, con una cultura única en el planeta, pues muchas de sus acciones y ritos apenas han variado en los últimos cuatro mil años, así que es mucho más fácil adaptarte al país que intentar cambiarlo a tu gusto.
Es hora de comer, la mayoría de turistas creen que "El mal de Moctezuma", nosotros la llamamos diarrea, aparece por el cambio de aguas: mi consejo es que bebas mucha agua, lassis,(tu pregunta y ya verás que es), y durante los primeros días o semanas evites las fritangas, las buenííííísimas salsas y optes por el menú vegetariano y arroz. El cambio de aceites, (el de oliva es inexistente y se cocina, dependiendo de la región y el nivel económico, con aceite de palma, coco, colza, etc..), es lo que de verdad ataca a tu estómago. No por ello debes evitar comer, siempre con la mano derecha y procurando escoger locales donde haya mucha población local.
No compres nada hasta que no sepas el valor de las cosas, mis primeras compras siempre suelen ser objetos útiles: ya sean utensilios para el baño, unas chanclas...me ayuda a comprender la moneda nueva que llevo en el bolsillo. Puede que no lo veas en tu primer viaje, pero incluso una rupia puede descomponerse en cien paisas...
La verdad es que Delhi no es una ciudad muy apreciada por los viajeros: contaminada, superpoblada, con ese punto de artificial e impersonal que tienen las capitales, pero mi recomendación es que te la guardes para cuando vuelvas. Delhi tiene muchas cosas que ver y lugares donde relajarse. Parques, jardines, palacios y museos son una bendición para poder evitar ese caos circulatorio.
Bueno, poca cosa más para el primer día, no hay que aprenderlo todo el primer día, ni en el primer viaje, ni en el sexto. Poco a poco, si te gusta y te atrae, iremos hablando de devas y nagas, de sanyasis y jeeras, de trimurti, de puris y thalis, de jatis y varnas, de lingams y yonis, de la diferencia entre la concepción del tiempo, lineal o cursivo, de karmas y meeras, de sadhus, dobis, gopis y doms,.... pero no hoy. Hoy descansa...
India es compleja, terrible y fascinante, si te dejas llevar, extraerá de tí lo mejor y lo peor, y sin dármelas de gran viajero, tras veinte años escapándome a ver este mundo maravilloso, estoy en condiciones de afirmar que no hay nada ni remotamente similar a este país.
Así que este será mi último consejo.



- shanti, shanti my friend








17/5/10

Aprendiendo....


Los sabios dicen que nuestro perfil como persona,(dícese del ser humano integrado en una sociedad), se configura a través de pequeñas acciones repetidas una y mil veces: desde la más tierna infancia hasta la madurez, muchas veces de forma inconsciente, integramos los miedos, las percepciones o las preferencias de manera que transforman o modelan desde nuestra forma de ver la vida, nuestros actos, hasta las arrugas de nuestro rostro o la forma de mirar a un desconocido... Puede ser, aunque también algunos de esos sabios afirman que un sólo momento en la brevedad del tiempo de una vida; una acción heroica, un momento de lucidez o una fechoría cobarde, puede cambiar la vida de uno para siempre. Ya Conrad lo describió de una manera lúcida y genial en Lord Jim. Tal vez la verdad sea una suma de esas dos afirmaciones; podría parecer que pocos tenemos tener la oportunidad de una acción heroica en la monotonía de nuestras vidas, que en nuestros pequeños actos cotidianos no parece haber lugar para actos gloriosos o cobardes, que parece que vivimos rodeados de gente gris y monocorde de la que no podemos esperar que brote de ellos una luz que nos ilumine. Creo que son puntos extremistas y que si nos fijamos bien, estamos rodeados de cobardes y héroes, de villanos y de gente buena, de sabios y de ignorantes, y es deber nuestro el saber discernir que ejemplo queremos seguir.
Permitan una batallita, un pequeño momento de mi vida, que aunque pueda parecer o lo sea, una estupidez, cambió parte de mi manera de pensar...


.." Fue en mi segundo viaje a la India... ya saben ustedes; mochila, unas pocas rupias y mucho camino por delante. Me apasiona viajar en tren y la India ofrece la oportunidad de recorridos milquilométricos, con trenes antiguos y destinos sorprendentes. Este tren viajaba desde Mumbai hasta Mysore: decidí coger ese tren por culpa de Ruyard Kippling....Mysore. La ciudad de las especias y el incienso, del palacio del maharajá, de su Nandi gigante de piedra negra...
El trayecto dura unas 16 horas y como en todo tren de la India, uno tiene la oportunidad de conocer gente, admirar paisajes, intercambiar comida, aguantar a un niño sobre tus piernas mientras su padre duerme, acudir a los infames servicios, comer más, leer y responder a decenas de preguntas de todo tipo de gente. Los hindúes son dados a la charla y no dudan a la hora de empezar una conversación con un desconocido.

Mientras esperaba en la estación a que el tren empezara su marcha, me fijé en un viejo sanyasi,(un sadhu u hombre santo), sentado junto a un banco. Justo en ese momento, vi como el jefe de estación salió a atenderle y con la máxima deferencia lo acompañó al tren ayudándole a subir los altos escalones de entrada. Los seguí por pura curiosidad: el jefe de estación le ofreció un asiento junto a la ventana que el sanyasi rechazó, luego un asiento lejos de la ventana que también rechazó con una sonrisa, y como queriendo calmar al atribulado jefe de estación, el sanyasi optó por sentarse en la puerta del vagón, con sus delgadas piernas colgando hacia el exterior y mirando curioso a su alrededor. Todos los viajeros que pasaban cerca de él murmuraban algo y le saludaban poniéndose las manos casi por encima de la frente, señal de gran respeto. El tipo era impresionante la verdad: debía superar el metro ochenta, de unos sesenta largos o setenta años, mirada afilada y piel curtida por el sol hindú. Fibrado, en sus brazos y piernas estaban dibujados con ceniza blanca sus propios huesos. Tres rayas blancas horizontales y un tika amarillo coronaban su mirada. Iba ataviado con una túnica naranja y un gran pañuelo del mismo color a modo de turbante. Una escudilla plateada donde servirse la comida, un largo y nudoso bastón coronado con un tridente y una pequeña bolsa de tela roja colgada al hombro: esas parecían sus únicas pertenencias. El jefe de estación se retiró y yo me quedé pensando si debía sacar la cámara o no, y por un momento nuestras miradas se cruzaron. Bajé la mirada ante esos ojos dulces y de mirada penetrante que parecía mirar directamente en mi interior y busqué mi silla, avergonzado, en el vagón.
Habían pasado unas dos horas de trayecto cuando el sanyasi apareció en el umbral del vagón y dirigiéndose hacia mi me preguntó que hora era por favor, sorprendido de que se dirigiera hacia el único occidental del vagón, miré rápido mi reloj y contesté. Sonrió, una enorme y perfecta blanca dentadura y rebuscó en su bolsa hasta sacar un viejo reloj al que procedió a poner en hora, dándome las gracias, desapareció por donde había venido. La familia que compartía asiento conmigo me dijo que era un tipo afortunado y siguieron comiendo. Me quedé sentado preguntándome porqué sería afortunado y haciendo todo tipo de cábalas acerca del extraño personaje. No había pasado ni una hora, puedo dar fe, cuando el sanyasi entró de nuevo en el vagón y sonriendo me preguntó de nuevo la hora. Les juro a ustedes que llegué a pensar en una confabulación hindú, en cámaras ocultas en el otro extremo del mundo..., pero la sonrisa era tan pura y su educación tan extrema que no dudé en responder. Buscó de nuevo el reloj y repitió la operación. La familia sonreía y yo no sabía como tomarlo, al ver mis dudas me repetían que era un tipo afortunado, que no me preocupara.
Mi curiosidad ya no podía más y cargando con un par de plátanos y unas manzanas fui en busca del sanyasi: ahí estaba, sentado en la puerta del vagón, mirando como los árboles se sucedían uno tras otro a toda velocidad. Balanceaba los pies como un niño contento. Reuní el valor que me quedaba, no tenía ni idea de como reaccionaría, si un occidental puede molestar a un sadhu, si estaba rezando, si sería una falta de respeto... y le ofrecí una pieza de fruta. Sonrió y me dijo que no, viendo mi turbación me pidió por favor que la compartiera con él. Partí la manzana y empezamos a comer en silencio. Al rato, le pregunté a donde se dirigía y en perfecto inglés me hizo un pequeño resumen de sus últimos años, de su presente y de su futuro.
Me dijo que llevaba siete años en las montañas y que al darse cuenta de que llegaba su hora se había puesto en camino para visitar por última vez las ciudades santas del hinduísmo: Mathura, Puri, Haridwar, Rameswaran, Gaya, Ayodhya, Kanchi, Kedarnat, Ujjain, Karnakhaya y, haciendo una pausa y sonriendo feliz... Benarés.... ahí moriré. En posteriores viajes comprobé cuan cierta era esa afirmación, hasta donde pueden llegar los verdaderos sanyasis y su altísimo poder mental, pero en ese momento, me pareció una temeridad por parte del santo oírle afirmar de forma tan categórica su futuro. Escuchó con tolerancia mi pobre y sencilla historia que al momento, gracias a su interés y acertadas preguntas, la verdad, parecía otra..., en fin. Comimos felices siendo pasto de las miradas curiosas del resto del vagón que de tanto en tanto salían a observar al curioso occidental sentado junto al santón.
Sólo cuando me despedía fue cuando me acordé de la pregunta inicial. ¿Qué pasa con eso de pedir la hora para un reloj que no funciona?. El sanyasi me explicó que el reloj llevaba roto más de quince años y era divertido llevar la hora de los demás. Una pequeña broma a un occidental, una pequeña prueba, me dijo también: en este mundo donde nadie parece querer dar nada si no es a cambio de algo, el sanyasi me ofrecía la oportunidad de dar algo sin miedo a desprenderme de ello y así limpiar mi karma. Vaya, una especie de favor.
-Recuerda, me dijo; -no somos lo que poseemos, ni mucho menos lo que anhelamos, sencillamente somos lo que damos."

Con el tiempo me doy cuenta de que estuve hablando con un hombre sabio, sus palabras cada vez han tenido más sentido conforme me ido formando como persona. Somos lo que somos capaces de dar. Si regalas educación, tu imagen será la de un tipo educado y serás tratado como tal. Si das rabia y odio, te conviertes en un tipo odiado y enfadado...., si ofreces respeto, no deberás pasarte la vida pidiendo... y así con todo. Me doy cuenta de que consigo más con una sonrisa que con cien explicaciones. El sanyasi me dio la oportunidad de tener un rasero por el que medir y así darme cuenta de que también estoy rodeado de gente sabia, buena e inteligente, que ofrecen su ejemplo vital de manera altruísta.
Vivimos en una sociedad donde las frases hechas; "tanto tienes, tanto vales", o "porque yo lo valgo", sean dogmas de fe, un lugar donde tan sólo esperamos recibir y poseer sin pensar en dar, y así, no es de extrañar el caos y la confusión moral que parece haberse instalado en nosotros cuando el Miedo aparece asomando por la esquina.
La impresión que me dio el sanyasi es que ese hombre no le temía a nada, ni a su propia muerte..., un hombre cuyas únicas pertenencias eran un bastón, una lata y un reloj estropeado...
PD: Dedicado a Rosa Mari, gracias por empujarme a escribir de nuevo...

17/3/10

A Don Miguel

Y se murió tal y como había vivido: sin estridencias, ni pompas; con discreción, silencio y rodeado de quienes le amaban: que eso ya es mucho pedir en un país donde los suicidios anticipados son carnaza para la televisión y los cadáveres de según quien son vendidos al mejor postor para regocijo público. Me da una vergüenza enorme escribir algo acerca del maestro Delibes, y nada puedo decir de él que no esté dicho ya, pero puedo contar lo que supuso su descubrimiento por parte de un lector novel.
Un hombre del pueblo, al que sólo vi una vez en televisión, extraño parece, cuando hasta personas sensatas se descuelgan diciendo que si no sales en TV no eres nadie, (por lo tanto deben creer que cuanto más apareces, da igual haciendo el qué, mas eres). Un hombre, que a pesar de su inmensa sabiduría, no participaba en esas peleas de gallos en celo que llaman ahora debates, donde nadie escucha y lo importante es decir lo que sea, pero más alto que el otro, con más malos modos, y si es sin educación, prima doble. Un hombre que se dedicó "tan sólo" a escribir.
Se ha ido un hombre que me enseñó cientos de palabras nuevas, y mucho más; una manera sensata, hermosa y correcta de ordenar esas palabras, dándole una nueva dimensión a mis primeras lecturas hasta convertirse en un autor de referencia, para mí, del pasado siglo en España, un país que por cada genio que alumbra, defeca cientos de miserables.
Como era poco dado a entrevistas y a publicitarse, los que lo amamos debimos conformarnos con entrever parte de su ser en sus personajes, y de éstos, sin duda, me quedo con Pacífico: amante de la naturaleza e impertérrito espectador del odio que es capaz de generar el ser humano.
Mi deuda con Don Miguel viene de lejos; recuerdo el día en que mi madre me recomendó dejar ya las lecturas de adolescente y atreverme con algo más serio. Recuerdo la desilusión enorme al pensar en los estúpido que debía ser por no gustarme, ni poder entender, a Pío Baroja, Camilo José Cela, Unamuno, Faulkner, Conrad..., hasta que llegó a mis manos, ya casi desesperado y decidido a no leer nunca más, ya se sabe la vehemencia con la que nos tomamos la vida a los 17 años, un ejemplar de El príncipe destronado. "Una novela de niños, lo que faltaba", pensé. No sólo fue el poder entender lo que ahí se narraba: sin con Los hijos del capitán Grant, Los viajes de Gulliver o Kim de la india, los autores habían conseguido llevarme sin esfuerzo a todos los confines de la Tierra y vivir mil aventuras, con Don Miguel aprendí a viajar al interior del alma humana, a entender que se cuece en ese caldero que llamamos corazón. Entender a Don Miguel, y gustarme, representó el empujón definitivo a perder el miedo, que no el respeto, a otros autores, aprender que no debía ir muy lejos para experimentar con escritores y poetas superlativos, pues todos los tenía al alcance de mi mano; a respetar cualquier libro que lleve editándose más allá de la desaparición de su autor, algunos incluso tras más de tres mil años, a aprender la diferencia entre un best-seller, un libro que debe gustar a todos, al verdadero libro: ese conjunto de palabras donde el escritor pone parte de su alma y su saber, que puede gustarte o no, entenderlo o no, (hay libros para todas las edades), pero que consiguen, algunos, formar parte de tu vida de una manera perpetua.
Al recuperar este artículo escrito por Don Miguel en 1962 acerca de los funerales, pretendo nada más acercaros un breve boceto de este personaje y animar al personal a leer...., leer, aunque cuesto entenderlo a la primera, o a la segunda. Hacer como poco, un parte del esfuerzo que el escritor tuvo que hacer para elaborarlo, enriquecerse....

Hoy sólo quiero ocuparme de los entierros: de los entierros a la Federica, con carrozas barrocas, caballos empenachados y aurigas con peluca, que es como se hacen los entierros en mi pueblo. Uno está, más bien, contra los formalismos falaces. Uno aboga, en suma, por los entierros sencillos, minoritarios, donde el que vaya, vaya por sentimiento y no por educación. Tal vez así se evitaría que en los entierros se hablara tanto de fútbol y que, a la hora de partir, el difunto se encontrara solo por aquello de que los muertos son los únicos hombres puntuales del país
Tal vez fuera una coincidencia que unos versos del maestro Quevedo se asomaran entre mi tristeza a la hora de despedir a mi madre hace años en esa incineradora horrible de Montjuic: los mismos versos que de alguna manera me ayudaron a confortar mi penita, fueron recitados en su responso, y yo, tonto de mí, pienso que nada es casual.
Buen viaje Don Miguel.


"...serán ceniza, más tendrán sentido;


polvo serán, más polvo enamorado.

3/3/10

A un merluzo.....

Nos dejamos llevar por las apariencias, al menos eso parece viendo como nos tratamos en esta tierra donde es más importante el dinero que tienes o el tamaño del cocodrilo en la pechera. Y ésto en el mejor de los casos: desaparecidos para siempre, gracias a televisió, maestros y periodistas; los términos usted, por favor, o buenos días, son reemplazados po gruñidos o el típico eh!, tú, vale o silencios maleducados, que a uno, que de por sí es de carácter pacífico, le entran ganas de volver a Guatemala donde hasta para atracarte a punta de pistola te tratan con respeto y educación. "Buenos días tenga usted licenciado, ahorita mismo, si es tan amable, me regala su plata, por favor. Muchas gracias y vaya con Dios".

Me enseñaron que cada uno debe trabajar y que hay trabajo para todos y de todos los colores. Que alguien debe hacerlos, y que mientras éstos se hagan con respeto y dedicación, todos, absolutamente todos los trabajos merecen la misma consideación: desde el minero al doctor, del barrendero a la ama de casa, pasando por abogados y traficantes de droga.
Tengo un trabajo sencillo, creo que si dedicara el tiempo suficiente, podría amaestrar a un mandril para que lo realizara por mí; sería curioso ver un mono cabreado, de culo rosado y grandes colmillos, yendo de aquí para allá en una moto...., tal vez esa idea ya la tiene algún afamado empresario. Pues estaba en lo mío y fui a parar de morros con un tipo que me hizo recordar que el planeta es un lugar maravilloso poblado de gente buena, así que le estoy agradecido por subirme la moral y a él van dedicadas estas letras.
El tipo seguro que tiene varios master de todo y más, su sueldo debe cuatruplicar el mío y como no lo conozco a fondo, debo de suponer de él que es buena persona y amante de los animales y todo eso. Se dirigió a mí al verme pasar frente a su despacho, no le pido que me hable de usted pues tan sólo debo tener diez años más que él, pero tampoco es mi amigo. -"Oye tú, espera un momento que tengo de darte una cosa". Obviando el tuteo, me dolió más el de, que el tú. Debería hablar bien cuando alza la voz, por lo menos. Acto seguido empezó a explicarme una gestión, (un registro público), con pelos y señales. Fue ahí donde mi mente empezó a viajar; tan sólo mi mirada puesta en sus labios me indicaba que ese merluzo me seguía hablando.
Viajé a Belihya, un pueblecito en el Terai nepalí y recordé a Jaume, Mikka y Hans, y de como me alegró recibir un correo de la parejita holandesa hace pocos días recordándome, medio en broma, medio en serio, que hace un año les serví de guía durante una noche a través de 17 quilómetros interminables: realizados a pie y de noche, durante las huelgas, piquetes y consecuentes revueltas que casi incendian el valle del Terai la primavera pasada. Pueden ustedes imaginarse el espectáculo: primero una huelga general que paraliza el tráfico de camiones con India, el ejército viene a solucionar el dislate, la cosa se calienta y más sabiendo que hace apenas dos años este país sufría una guerra civil. Alguien que dispara al aire y casualidades de la vida, esa bala acaba en el pecho de un chaval. La gente se cabrea de veras. La gente coje palos, machetes y piedras y se planta. Esta carretera es mía. Unos treinta turistas se quedan bloqueados. Tras algunas negociaciones, unos cuantos grupos se buscan la vida por su cuenta. El grupo nuestro son los referidos y un servidor, que, tras ser dejados de la mano de Siva por un conductor cobarde o precavido en medio de la carretera, tras pactar con él cruzar los piquetes, se preguntan que hacemos ahora, en medio de una carretera desconocida a las dos de la madrugada. Y ahí te quedas que yo me voy a mi casita debió decir el pájaro al aparcar el coche en el arcén y salir por pies tras devolvernos parte del dinero.
Todos teníamos alguna razón, más o menos peregrina por estar ahí: la pareja de holandeses en viaje de novios hacia Katmandú, Jaume, un chaval en su primer viaje( esa fue la razón por la que me cayeron bien desde el principio.), y un servidor maldiciendo la promesa hecha a la familia Thapa de volver a verlos a la que me acercara a trescientos kilómetros de Nepal. No sé porqué confiaron en mí si yo tenía tanto miedo como ellos, la verdad...
Esa noche fuimos obligados espectadores de un linchamiento y sentimos juntos la vergüenza y el miedo que nos atenazaron, mientras medio centenar de salvajes apaleaban a dos hombres. De como el instinto de permanecer juntos y a pie y no subir en los sospechosos mini coches que se ofrecían a llevarnos nos salvó de una somanta de palos o de alguna pedrada traicionera, cosa que tres turistas francesas no pudieron evitar. Esa noche pude sentir la mirada de Hans temiendo por lo que en este momento más ama, repitiéndome, "are you sure? No, Hans, no lo estaba.
Esa noche tuvimos, tuvieron, tuve, la inmensa suerte de que fui reconocido en medio de la noche por un dúo calavera con el que había entramado alguna amistad el año pasado, habíamos compartido un silum en la azotea del hostal y muchas tazas de chai. Ellos estaban entre la multitud que aplaudía el linchamiento, cierto, y cuando me vieron entre el ajetreo se acercaron a mi: no te acuerdas?, el año pasado, muchas risas y luna llena?, Claro que me acordaba. Me preguntaron si estaba loco por ir de noche con la que hay montada. No hagas fotos me dijeron y todo irá bien: ya no permitieron que acabáramos solos el recorrido. Nos guiaron por las callejuelas del pueblo y hasta que no encontraron un hostal conocido por ellos que nos abrió la puerta a disgusto, no se separaron de nosotros.
Are you sure? me preguntaba Hans cuando le dije que yo me fiaba de estos dos tipos y no de otros, mal rayo me parta por olvidar sus nombres.
Pero si, la cosa funcionó. La gente es buena, la mayoría y no me costó mucho convencer a Hans y Mikka, y mucho menos a un alucinado Jaume al que su inglés de London School y su juventud le estaban jugando una mala pasada, de que en medio de ese caos, aun a riesgo de joderla, lo mejor era confiar en la breve amistad trazada un año antes en una noche de luna llena.
Los labios dejaron de moverse justo para oír sus últimas palabras, ..y luego te esperas a que lo registren y me lo devuelves, cuidado no lo pierdas, lo has entendido?
No, no entiendo porque supones que no sabré encontrar la delegación de Hacienda, no entiendo porqué no te molestas en saber el nombre de la gente, no entiendo porque no lees un poco más y aprendes a hablar mejor. No, no entiendo como presupones que sin tu aviso empezaré a descuidarme y perderé tu papel.
Los merluzos son los menos y eso es lo bonito de este planeta, por cada uno que me encuentro, me topo con cien personas educadas, que te preguntan como estás, que se interesan por la persona, que te recuerdan y te dan las gracias cuando tu ya lo habías olvidado. Tal vez ese trato, el de persona a persona, fue lo que nos ayudó esa noche en la carretera de Belihya, que no traté al vendedor de chais ni a su amigo con el desdé y la condescendencia con el que suelen tratar los turistas a los nativos que les inoportunan, sino que recuerdo que nos intercambiamos fotos de novias y familia, hablamos de tú a tú y que estuvimos largo rato mirando a una luna gorda y luminosa ajena a todas las nimierdades que nos acechan en cada esquina.
Gracias merluzo

9/2/10

Cuando....

Cuando muere un ser humano, muere con él toda una serie de vivencias, desaparece un saber acumulado por la experiencia vital que nunca podrá ser restituido.
Cada día, la humanidad pierde miles de formas de entender la vida con ese tránsito natural que es el ir de la vida a la muerte. Una parte de ese saber lo heredan quienes han estado cerca del desaparecido convirtiéndose a su vez en propietarios de parte de ese saber. En algunos raros casos, los menos, algunos humanos nos legan obras, ya sean escritas, pintadas o esculpidas, ya sean inventos, descubrimientos científicos o médicos, que no sólo perduran entre sus allegados, sino que trascienden al mundo entero... pero la mayoría de la gente no tenemos el don de las artes y nuestro legado tiene como único soporte la memoria de los que nos amaron, respetaron o conocieron. Es importante ser consciente de esa responsabilidad, pues la mayoría de nuestras acciones no son más que mecánicas, meras imitaciones del comportamiento observado. Y ya se sabe, la memoria es frágil y como decía no se que sabio de la antigua Grecia, la memoria es como ese viejo rollo de pergamino escrito que de tanto en tanto ha de desenpolvarse y procurar que vea la luz, pues sino se pierde junto con el tiempo.
Ese legado es lo que nos convierte en lo que somos como sociedad, como personas: el saber estar del abuelo, la tolerancia innata de la madre, la tortilla de patatas del cuñado o el perpetuo buen humor del amigo. Creo que son legados tan o más importantes que los de Curie, Newton o Pascal, pues es lo que conforma el nivel ético y humano de una población, bien al contrario, cuando en una sociedad se hereda el odio o el miedo, ésta se corrompe cada vez más hasta rebajar la categoría moral de una sociedad. Es importante es entender lo que se hereda para así poder despreciar y no repetir los defectos: la avaricia de la abuela, el desdén hacia lo extraño del padre o el sexismo de un amigo.

Me quedo perplejo cuando leo que tras el terremoto de 1755 de Lisboa, dos grandes pensadores, Voltaire y Rosseau se enfrascaron en unas discusiones públicas sobre la existencia de un dios bueno que pudiera permitir esas desgracias; unas discusiones que cambiaron para siempre el pensamiento europeo, mientras que ahora, tras el desastre de Haití, un triste obispo español se dedica a relativizar y comparar judías con melones y otros le contestan con palabras de odio. Tal vez estemos perdiendo , o peor, heredando, una memoria colectiva que huele a podrido. Sigo pensando que la gente es buena por naturaleza y la reacción popular creo que se demuestra, pero también sigo pensando que cada vez estamos más desinformados y no entendemos nada...., peor aún, encuentro a faltar humanos de la altura intelectual capaces de rebatir las palabras del obispo de manera que lleguen de una manera profunda a nuestro intelecto y tal vez al suyo....
Cuando sucede un gran desastre como el de Haití, donde decenas de miles de humanos desaparecen en un instante, la conmoción es brutal: recuerdos, sabiduría de madres a hijos, cuentos y leyendas de abuelos que ya no podrán se recordados por nietos inexistentes, experiencias profesionales de padres que no podrán repetir los hijos. Si el dolor por su desaparición ya es tremendo, la llaga que perdurará entre la memoria de los vivos será siempre purulenta y viva.
Siempre quedará alguien, es el consuelo que puede venirle a uno a la mente, pero eso no siempre es cierto.
Leo como el Sr. Boa a muerto y pienso que este mundo ya no tiene solución.
¿Qué tiene que ver el Sr. Boa con Haití?. El Sr Boa era el último de una tribu de las diez tribus autóctonas que pueblan las islas Adnaman desde hace 65.000 años: con su muerte, el mundo ha perdido su idioma, una forma de entender la vida, una forma de contar cuentos, una historia.
El Sr. Boa pasó los últimos años en una especie de soñolienta tristeza, pues desde su viudedad, aunque parezca imposible, ya no le quedaba nadie con quien hablar, nadie lo entendía y nadie podía mantener una conversación con él.
Las tribus autóctonas de Adnaman han sido sistemáticamente diezmadas, esclavizadas y apartadas, por ingleses, tailandeses e hindús, a los que ahora pertenece el archipiélago situado a unos mil quilómetros de sus costas.
Durante el tsunami del 2006 los miembros de estas tribus no sufrieron ningún daño gracias a esa memoria colectiva, a esa transmisión de conocimientos, leyendas y cánticos que forman su cultura: supieron leer el mar, su casas son flotantes y desde tiempos lejanos habían podido conservar esa cultura que les guarecía de situaciones que pueden pasar cada cien años, pero esas diez tribus siguen sin estar preparadas ante el turismo masivo, la contaminación de sus mares y la expoliación de sus recursos.
El mundo no oirá nunca más la lengua Bo, una de las diez de estas islas, los jóvenes de las islas no sabrán como reaccionar ante un tifón, no sabrán donde vivir seguros; como en todo el mundo, poco a poco pero sin respiro, una nueva forma de memoria colectiva parece adueñarse de todo.

En Haití, donde las condiciones del mercado internacional y las subvenciones agrarias obligaron al hacinamiento en suburbios de la capital a miles de campesinos, (esto es demasiado extenso para explicar ahora), fue donde el terremoto causó el mayor mal: si por lo menos esas gentes hubieran podido construir sus barracas y casas con caña y madera como sus abuelos, el terremoto no hubiera causado ese desastre debido al derrumbe de piedra y adobe sobre sus cabezas, pero no sabían ni podían hacerlo, ya alguien se había ocupado de desforestar la isla para plantar azúcar: primero les robaron su manera de vivir, luego les robaron la memoria y ahora han perdido su futuro.

9/12/09

Cosas....














Poco a poco fui dándole importancia al hecho de que las vacas pudiesen convivir de manera pacífica con el hombre..., bueno, me he expresado muy mal, que los hombres pudiesen convivir de manera pacífica con cualquier otro ser vivo.

Más allá del hecho cultural y religioso que implica la divinidad de las vacas, la convivencia, el día a día, siempre ha sido un motivo para olvidar tradiciones y costumbres, o prescindir de muchos actos religiosos. Uno no puede bañarse cada día en un río o ya no se tiene tiempo de hacer la puja por cuestiones de horarios..., la vida. Pero mira por donde, las vacas y el ser humano han encontrado un punto de equilibrio y han pasado de ser divinas, a ser uno más de los actores que pueblan una mega ciudad como Nueva Delhi o Mumbai o Bophal.

Me gusta la tolerancia de conductores, ciclistas, tenderos y barrenderos que procuran esquivarlas, rodearlas y espantarlas de la forma más natural posible, o cuando se acercan de manera golosa a cualquier parada de verduras y el tendero deja caer con disimulo una berenjena y así no tener que espantar a la sagrada vaca. Las vacas, por su parte, han aprendido a ignorar a la gente, parece que no escuchan el estridente ruido, el constante atronar de bocinas, claxons y pitos. En el ajetreo incesante de gente: ellas comen, defecan y pasean con igual naturalidad que las vacas de un cantón suizo.

Es un pequeño y curioso ejemplo de que la vida y las tradiciones pueden adaptarse al constante devenir del progreso, tan sólo hace falta un poco de paciencia, de tolerancia ante otro ser vivo, sea planta o animal que reclama en silencio su derecho a estar en el planeta. Creo que esa es una de las razones de los desajustes y crueldades que existen en el mundo. Somos posesivos y reclamamos nuestra parcela de planeta como si en verdad nos perteneciera, y no creo que sea así: nos toca compartir ese espacio, nos guste o no. Esa sensación de tolerar y respetar, cuando se siente, te acerca mucho más al lugar en el que vives, eso te permite sentirte mucho más seguro y a olvidar el temor a perder las posesiones.

No me he vuelto un marxista o un anti-todo, no hablo del capital ni de toros, entiendo que cada uno es, aunque no lo crea, depositario de sus acciones y es natural, por tradición, por fe, o por bajeza moral, que en el mundo coexistan Vicentes ferrer con G. Bush. Pero ahí entra la acción diaria de cada uno y la normalidad: ¿ Se podría o debería prohibir el libre tránsito de vacas por la calzada o no?..., o es mucho mejor dejar que la vida actúe con naturalidad y siga su libre cauce.

Creo que muchos confunden la salvación del planeta con la salvación de cierto método de vida humana. Somos lo que somos, una especie más, y el planeta, con sus vacas, sus vegetales, sus mares, sus nuevas especies o no de vida, y sus montañas y las hermosas ruinas que vamos dejando los humanos por aquí y allá. Todo eso seguirá ahí, estemos nosotros o no.

29/10/09

Ignorancia o desinterés....


Apenas podemos distinguir entre las diferentes realidades que nos muestran los medios de comunicación. Es tal la acumulación de información poco precisa, pero intensiva y constante, que no nos permite pararnos a pensar, y ni mucho menos, a relacionar los contenidos. Nadie se molesta en explicar la razón de una noticia. Tan solo nos la sirven bien enpaquetada, etiquetada y muy digerible. Tampoco nadie se molesta en exigir esas razones...
Ladrones, corruptos, políticos, guerras, pobreza, crisis, desastres naturales y violencia doméstica: todo ofrecido en paquetes de veinte minutos de consumo rápido: contenidos concentrados, tanto, que me recuerdan a las pastillas de caldo: nos dicen lo que son, pero no tenemos ni idea de donde han salido ni como se han elaborado... pero siempre desprenden un ligero tufo a falso.
Una de las noticias del caldo pasa de refilón y apenas merece unos segundos de pantalla, una noticia más que será olvidada en segundos, pero sus imágenes me recuerdan unos años que cambiaron mi vida y la forma de afrontarla: el juicio al general Karadzic ha empezado. Una imágenes del cerco a Sarajevo vuelven a mostrarse en televisión y muchos, muchos recuerdos, lecturas y pensamientos acuden a mi memoria.
Me acuerdo de Irina, de como dejó los estudios en Barcelona para volver a socorrer a su familia en Sarajevo. Recuerdo a Trinidad, una compañera de estudios, que le siguió la pista y poco a poco un pequeño grupo fuimos interesándonos por esa guerra. Recuerdo cómo barcelona,( sí, barcelona en minúsculas), vivía su espíritu olímpico mientras a unos centenares de quilómetros una guerra se enseñaba con civiles, una ciudad que había sido olímpica no hace mucho, era sitiada, bombardeada, y todo ese supuesto movimiento olímpico se desentendía de la forma más natural posible. No mirar. Recuerdo seguir no sólo las noticias que llegaban de esa "lejana" guerra, sino de quienes se jugaban el pellejo para poder informarnos. Fuentes, Rojo, Reverte, Martí, Sánchez, Sistiaga, Lobo, Márquez, y tantos otros de memoria obligada en un país que venera a periodistas de mierda televisivos y se olvida de los que realmente importan. Recuerdo que en un mundo sin internet, debía pasar de los tres minutos de conexión de Radio Nacional, a los de la Ser, de buscar una vez a la semana el Heraldo de Aragón, el Punt de tarragona, releer La Vanguardia, El Mundo o el País en busca de esas crónicas que merecían mucho menos espacio que cientos de noticias banales. Aunque el mundo es así y en nada nos diferenciamos de los otros países "civilizados": durante el genocidio de Ruanda, el mundo estaba más pendiente por encontrar restos de semen presidencial en el vestido de una becaria que del segundo mayor genocidio de la era moderna. En fin, no acababa de entender como alguien se jugaba la piel para informar de una guerra cuando en el país receptor de la información importa menos que quien ganaba la liga, quien se folla a quien, o que muebles a puesto el especulador de turno en su salón. Fue en ese tiempo cuando me acostumbré a mirar siempre los pies de foto, la firma de los artículos que leía..., y a viajar. Ya no pude dejarlo. La muerte de Miguel Gil y de Kurtis Slhock en Sierra Leona creo que marcó un antes y un después y propició un interés cada vez más voraz.
Recuerdo el interés de "Jabalí", mi maestro en el arte de viajar, por arrastrarme allá por el 97 hasta Sarajevo. Recuerdo como me impactó ver tantas miradas tristes, mucho más que los agujeros provocados por los morteros, o las fachadas desconchadas a balazos, o los carteles de terreno minado. Miradas de gente como tú y yo a la que una guerra les ha pasado por encima como una segadora llevándose todo lo bueno que habita en los corazones.
La muerte de Miguel merece otro artículo, pero la verdad es que estoy demasiado desengañado y creo que ya a nadie le importa lo que ocurre con el Otro, ni mucho menos el por que...
Antes me enfadaba por el desdén, o la ignorancia mostrada por la mayoría de la gente que me rodea ante las tremendas injusticias que sufren millones de inocentes a lo largo y ancho de Nuestro planeta: Ves una noticia mientras comes en un bar y escuchas comentarios del tipo; "demasiado lejos", "algo habrán hecho", "quién les manda vivir ahí", "¿y qué puedo hacer yo?", "que lo solucionen los políticos que para eso les pagan", por poner los más suaves. Problemas lejanos a los que sólo prestamos atención cuando los medios lo desean o cuando la catástrofe es de tal magnitud que la población de los países desarrollados fuerza a sus políticos para que limpien la conciencia colectiva. ... o cuando nos explota en las narices.
Es por ello que sigo más o menos de cerca a esta raza de personas que buscan mostrar el rostro del inocente que sufre, ese esfuerzo que hacen para que pierdan ese anonimato y su voz de auxilio pueda llegar al otro extremo del mundo. No creo que seamos culpables del hambre en Somalia o de la guerra en Afganistán, pero creo que cada uno debería también asumir una mínima parte de responsabilidad con los otros seres humanos que sufren. Eso puede traducirse en por lo menos tomarse con un mínimo interés lo que sucede en el planeta.
Todo el mundo sitúa Somalia en el mapa, desde hace un mes claro, un pequeño problema olvidado que ahora repercute en forma de sufrimiento para las familias de unos pescadores; ¿Quién lo iba a decir? Si hasta se han hecho películas sobre ese pobre país que fueron éxito en taquilla...., pero no importaba, ni importa, ni creo que llegue nunca a importar que condiciones de vida tienen los habitantes de un país que lleva más de diez años de guerras civiles, que no tiene gobierno, ni instituciones, donde no se puede enviar una carta porque nadie hace sellos, no hay fábrica de moneda, sin escuelas ni ejército, donde la policía no es más que las diversas facciones armadas que controlan pequeñas zonas del país. ¿Es tan difícil imaginar como debe ser la vida para la gente honrada? No creo, tal vez pensemos que todos son piratas o bandidos, pero lo cierto es que la necesidad crea. Para los campesinos y pescadores, para los ancianos y mujeres, para los miles de niños que cada día dejan de asistir a una red de escuelas inexistentes la elección cada día se vuelve más fácil: traficar con drogas, piratear, secuestrar. Vidas sin futuro, viendo como los grandes barcos del hombre blanco faenan y esquilman sus costas sin ni si quiera poder acceder a puestos de trabajo debido a esa pesca, sin impuestos que cobrar pues no hay estado que recaude...., y ahora resulta que los malos son ellos, ..Piratas!!!
La verdad es que el nivel de vergüenza que tenemos en Europa es sonrojante, pero, ¿qué más da? Mañana será centroamérica, pasado el magreb,... ahora leo que han sido secuestrados en Mauritania gente de la caravana humanitaria.
Me pregunto si habrá sido muy difícil convencer a esos mauritanos de que es mejor secuestrar a cuatro blancos, que estar toda la vida esperando a que pase una carrera de coches al año o a que lleguen las ayudas de navidad....
Si algo aprendes en Asia es que los desequilibrios siempre se rompen de manera brusca y violenta, que todo, todo en absoluto, está conectado de alguna manera.
¿Quién podría suponer que el odio y el miedo infringido por los nazis al pueblo judío repercutiría de una manera directa y violenta en unos pobres palestinos de Gaza sesenta años después?

4/9/09

Cuestión de fe II







Le prometí a Marina que el día que viera a dos mil humanos rezando a la vez, en perfecta sintonía consigo mismos y, de verdad creyendo en lo que están haciendo, cambiaría su manera de entender la religión: la entendería como algo tan especial para tantos miles de millones de humanos: fuera de cualquier iglesia y sacerdote. Entendería por qué los humanos seguimos buscando una explicación al misterio del terrible acontecimiento de la muerte o al acto incomprensible y espectacular de la vida. A pesar de todos nuestros avances, cuando resulta que vivimos en un mundo donde todo se entiende mediante la lógica, el pragmatismo y el resultado, todavía las preguntas más metafísicas pueden ser formuladas por el más sencillo de los hombres ignorantes; unas preguntas que ni el más sabio entre los sabios acierta responder.
Los vio, y cuando observé su cara de sorpresa y de felicidad por ser testigo de ese acto, el rezo nocturno de más de dos mil fieles, ya supe que el viaje no sería unas meras vacaciones. A mi me sigue pareciendo un acto espectacular la fe que profesan miles de millones de humanos, incluso siento algo de envidia tal vez: la oración de esos dos mil fieles junto a una mezquita atestada de gente, el mantra recitado entre dientes por un budista al encender el incienso de la mañana, la abuela rogando por vete a saber quien a san Judas Tadeo en cualquier iglesia de barrio, o el hindú mojándose la cabeza por las mañanas mientras tirita de frío, pero quizá el acto multitudinario, por espectacular, consigue que el agnóstico, el laico o el descreído.... dude un poco.
..Ella quería probarse antes de viajar a mi segunda casa, yo sabía en mi interior que no hacía falta: tan solo los ignorantes, los prepotentes, los insulsos y los vacíos que carecen de sensibilidad pueden no disfrutar de un viaje..., donde sea, pero cuanto más te acercas a la raíz del ser humano, cuanto más lejos estás de lo que consideramos la "vida normal", más nos damos cuenta de lo afortunados que somos por haber nacido donde nacimos, pero también de lo mucho que nos perdemos en nuestra perfecta vida occidental.
Pienso que cualquier cualquier melón puede coger un avión y parece que no nos damos cuenta de la inmensa suerte que tenemos por poder disponer de un pasaporte que nos permite la entrada franca en cualquier país, de poseer euros recién salidos de fábrica que cambias por diminutas monedas y enormes billetes. Ellos, los habitantes de esos países, creo que merecen más que nuestras divisas y ser portada en un álbum de verano. Por eso me gusta meterme en Sus autobuses, dormir en Sus pensiones y hoteles, comer en Sus restaurantes, saber lo que cuesta su cesta de la compra, es la única manera de poder entender a esta gente que luego ves en las noticias cuando hay desgracias, o ahogados en el estrecho, o prostituyéndose en la Boquería, o sufriendo gobiernos y guerras que desaparecen al cambiar de canal. Nos lo ponen tan fácil el pode escapar de la realidad que parece que hemos perdido la noción de lo que somos y donde estamos, no me extraña que el planeta se esté yendo al pozo. Ya que vamos hasta Sus países....., bueno, es un punto de vista tan sólo...., pero,
Cuando alguien me dice que nunca a visto una puesta de sol sobre el mar libre de contaminación, o a un pescador de verdad remendar las redes entre gaviotas y cabezas de sardinas, o a un campesino recogiendo el arroz o el te en perfecta harmonía con su entorno, cuando uno no sabe distinguir un coco si no es fuera de su vaina, si no ha visto la espectacular flor del bananero, o le han despertado unos monos aulladores, o el gallo del pueblo.... Es como si me dijera que nunca ha hecho el amor con la persona amada, sólo sexo e impersonal.
Cuando ese alguien no ha Vivido, me pregunto como debe sobrellevar los tiempos tristes, duros y solitarios que se padecen en la vida. Mirando la tele tal vez... ¿En qué recuerdos debe guarecerse ante el frío de la soledad y la monotonía?.
Nunca me he arrepentido de llevar a nadie conmigo de viaje: no hace falta llevarte a un Miguel de la Cuadra, o un superviviente, ni si quiera a un experto políglota geólogo y astrónomo. Tan sólo me aseguro de que esa persona sea curiosa y sensible, y el mundo se muestra tal como es; bello, terrible, acogedor, humano, cruel, amigable, sabroso, de vivos colores y sin sabores.

29/8/09

Costumbres

Soy muy nuevo en este país y me hes muy difícil expresar una opinión algo certera acerca de Marruecos; ahora que ya he cambiado el chip y ya no lo comparo con la India una cosa es ciierta, sin duda cada vez me gusta mas. Decía Herodoto que solo se puede explicar lo que sabes y lo que te cuentan, es arriesgado pretender Saber sin observar largo tiempo, así que narrare lo que me cuentan.
Una de las controversias que hay acerca de llevar el velo en las mujeres, si deben, si no deben. La obligación de llevarlo o prohibirlo en Europa, se ha despejado con una larga charla con Mohamed, un anciano caballero con el que tuvimos el placer de charlar durante unas cuantas horas y algunos tes.
Le comento que en Marrakech he visto de todo, musulmanas con tejanos ajustados y mechas de colores saliendo de fiesta y musulmanas a las que apenas vislumbras entre tanta tela, una mirada furtiva y triste. Me comenta, que al menos en lo que el conoce, su ciudad y su país, el problema no es religioso, sino social: la mujer o la familia de esta, pacta con el futuro marido sus obligaciones matrimoniales, así pues una mujer de familia adinerada que se case con una familia mas pobre o igual, tendrá mucha mas libertad que una familia pobre negociando como sacarse una hija de casa. De esta manera, en las ciudades, la nueva clase media, con posibilidades económicas impensables hace treinta años pueden decidir su futuro, mientras que en las zonas rurales y entre la pobreza, al ser necesario casar a la hija, siempre se negocia en desventaja con el tipo que te toque en desgracia, ya que ese hombre tampoco podrá aspirar a encontrar esposa entre la clase pudiente, repitiéndose un ciclo de humillación e incultura que se hereda junto con la pobreza. Eso sin contar con los ultraortodoxos que abundan en cada religión, por supuesto.
Parece claro, a mas igualdad social, mayor libertad. No creo que sea la mejor opción incidir en cuestiones religiosas acerca del velo, pues a nadie le importa como vaya vestido el prójimo si este se viste con libertad. Seria recomendable igualar los estratos sociales, lo que por supuesto, es mucho mas difícil y complicado que embarcarse en falsas demagogias.
En Marruecos hay una dictadura encubierta por la legitimidad de un rey y a ningún país europeo le importa; no hay libertad de prensa, pero como es un socio clave en el control de inmigración, resulta mas cómodo criticar y cambiar al lejano Afganistan.
Algo parece claro, son las propias mujeres musulmanas quienes impulsan su cambio y creo que les duele cuando las que optan con libertad para llevar el pelo cubierto son criticadas por permanecer fieles a sus costumbres...., mientras nosotros matamos toros y creemos que nuestra fiesta nacional no existiría sin el alcohol. Costumbres, seguro que a nadie le gusta que un sueco nos diga lo que hacer con nuestras fiestas, somos nosotros, como personas libres las que poco a poco intentamos cambiar algunas costumbres nuestras por crueles y desfasadas en el tiempo.
Esto es lo que saco en claro con mi charla con Mohamed, igual me mintió, o yo banalizo...., pero por lo menos ya se algo mas, que de eso se trata cuando viajas.

28/8/09

Marroc bites




Esperando el canto del muezzin que cantara la puesta del sol dando inicio al fin del ayuno diario.....










24/8/09

Cuestión de Fe


Todos me decían: ¿Cómo se te ocurre visitar un país islámico en pleno Ramadan y en verano?. No había caído que estos días coinciden con esa festividad del ayuno, pero después de pensarlo un rato, creo que debo estar agradecido a mis dioses por concederme la oportunidad de presenciar esta fiesta en directo.
Me gusta estar presente cuando el ser humano no se avergüenza de creer en algo. Visitar países donde la religión forme parte del orden natural de los acontecimientos cotidianos; me hace sentir más puro y libre. Siento que el que está lleno de dudas y prejuicios soy yo, el occidental racional y descreído. Ellos, ya sean budistas, hindús o musulmanes, no esconden que creen en algo, que su fe, personal e intransferible, es una especie de motor que les guía en el quehacer diario. Que procuran apaciguar sus dudas con unas creencias que aquí consideramos fuera de lugar.... una fe personal, alejada de las dictaduras que impone cualquier tipo de Iglesia.
Aqui en Europa disfrazamos las cosas , tal vez para no tener que avergonzarnos de las dudas que nos corroen. Aceptamos tener fiesta los domingos como algo natural, sin saber que cumplimos un precepto judeo cristiano,... y pobre del que nos lo niegue. Aceptamos con perfecta naturalidad las fiestas navideñas y organizamos reuniones donde comemos y reímos sin saber de que nos reímos o por qué comemos tanto, pero a todos nos importa una mierda que hizo ese tal Jesús un doce de agosto o un seis de noviembre. Incitamos a los niños a creer en los reyes magos, propagamos nuestra falsa fe.... mientras, nos quejamos de que el estado da subvenciones para tales escuelas o tales religiones. Aceptamos las fiestas de semana santa, pero ni se nos pasa por la cabeza revivir el martirio de ese hombre. Somos así, ya no nos gusta pensar ni dudar de nada. Todo tiene su ordenamiento y su razón lógica, y sino, nos la inventamos, que coño. Por lo menos, puedo entender que el ayuno del Ramadan y su consiguiente fiesta, ellos la llaman La fiesta del ayuno, les ayuda a acercarse a su dios.
Cuando visitas un país, "atrasado"según nuestro parecer, pensamos que Ellos, "pobretes", les falta cultura, iluminación y razón. Esgrimimos como arma académica todos los defectos que tiene ese seguimiento de fe sin pararnos a pensar ni un sólo segundo las ventajas que conlleva tener algún tipo de fe.
Si han de rezar cinco veces, si se debe hacer una puja por la mañana, si alguien cree que es necesario recitar 108 veces el Om mani padme om.... es que debe ser tan necesario como hartarse de turrones o regalarle algo al primo que odias desde pequeño, o mas...., pero yo veo mucho más feliz a un musulmán ayunando, que a un cristiano compartiendo mesa en navidad con alguien a quien no soporta. Veo más feliz a un famélico hindú bañándose en el Ganges o a un monje budista en silencio que a la mayoría de gente que habita a mi alrededor, entonces, ¿por qué banalizamos sus actos? Tenemos miedo a dudar de nuestra razón, o con la tdt y el dólar ya tenemos suficiente?

El ramadan es una fiesta, una tradición con la cual se acercan a sus creencias; Supongo que depende de la forma en que mires a tu alrededor, creo que soy un tipo con suerte de poder compartir, aunque sea sin creer, pues a mi me tiran mas las vacas sagradas, de poder compartir estos días de fiesta y ayuno con ellos; Oír al muhecin cantar y apresurarnos a buscar sitio para comer, pues de otro modo los camareros y cocineros no te sirven,.... y aun veo turistas que se enfadan por este motivo. Da mucha risa ver al camarero comiendo y al cliente mirar con hambre, esperando que este acabe; La fe por encima del negocio, vale la pena que aun existan gente así...

PD: el teclado arabico es bien bien complicado, así que no espereis mucho mas....

27/7/09

Veo, veo

En estos últimos tiempos, no acierto a saber si mi vista es más pobre o la mirada más clara, o ya nada es lo que parece.
Veo a políticos enorgullecerse de recibir regalos, quitándose la culpa con la mera disculpa de que otros también lo hacen. Veo políticos con perfil aguileño y mirada oscura, a funcionarios depredadores de impuestos, a jueces ciegos y policías corruptos. Veo una dejadez inmensa en todos nosotros; nada nos incumbe, nada importa excepto nuestro propio bienenestar.
Veo gente civilizada, seguramente buenos padres de familia, lanzarse delante de unos toros bravos, les veo morir en directo, mientras todo el país se regocija con su fiesta nacional. Veo como su familia presencia en directo la muerte de su ser querido, la seguirá viendo una y otra vez, repitiédose en todos los noticiarios, en todas las cadenas, sin que nadie diga nada en contra de esta insensatez. Se disculpan esas muertes como si fueran algo lógico dentro de nuestra vida. Veo a toros vomitar sangre mientras supuestos seres humanos se regocijan ante su dolor confundiendo arte con tortura...., supongo que los nazis tambien vieron belleza y arte en la perfecta ordenación y aniquilamiento de millones de seres humanos.
Veo a unos críos violando y asesinando a una cría con total despreocupación frente la vida y el respeto humano..., en esos actos observo los restos, las deposiciones de una sociedad consumista y amante de sí misma. Críamos a nuestras camadas sin acceso a la cultura, a la música, al verdadero arte y a los libros de Verdad: idiotizados por la televisión, marginados por culpa de unos sueldos y unas condiciones de vida tercer mundistas nos olvidamos de ellos hasta que sucede la tragedia.... las siguientes generaciones ascienden peldaños en la sociedad sin ningún estímulo ético ni cultural. Ni la religión verdadera ni la profunda filosofía, que antes ocupaba ese lugar, tienen espacio en nuestro mundo. Peor aún, veo como muchos demagogos alzan la voz pidiendo justicia y mano dura hacia los chavales. Los mismos demagogos que recelan de los métodos anticonceptivos y del aborto. Nadie hecha nada en cara a unos padres ignorantes y despreocupados por el futuro de sus hijos, desechos de una sociedad indiferente. Unos padres a los que se les permite procrear una y otra vez sin que el estado se responsabilice de nada. En esta supuesta cultura civilizada sigue siendo más difícil sacarse el permiso de conducir que el de padre.

Veo como en plena supuesta crisis económica las empresas mantienen los sueldos a los altos directivos, se incentiva un consumo, el mismo que nos ha llevado a esta situación, mientras nuestro abuelos rebuscan en las basuras algo de comida con lo que acabar el mes. Veo como los políticos se llenan la boca sobre medio ambiente e incentivan la venta de coches, se penaliza al viandante, se banaliza la naturaleza con supuestos refugios naturales que no dejan de recordarme las antiguas reservas para los indios americanos que los anglosajones concedieron como regalo antes de un claro exterminio.
Veo mal, supongo, tal vez mi mirada esté cansada, pero sigo viendo más pureza, más ética, en un pequeño poblado tribal del estado de Orissa, que en mi calle. Sigo viendo más respeto por un anciano en los llamados países tercer mundistas, que en cualquier vagón de metro de mi ciudad.
Me largo a ver más cosas, el próximo correo será desde la ciudad imperial de Marrakesh.... inshaallah

12/6/09

.... Héroes???




Si de algo puedo estar orgulloso es de la gente que me rodea, de la que procuro estar rodeado, de la que seguro, procuraré tener cerca y seguiré buscando mientras mantenga un mínimo de sentido común.
Demasiadas veces me siento pequeño ante estos personajes. Hay gente que puede proyectar en pocos segundos toda la carga emocional que llevan dentro; lo que les convierte en especiales, fuera de toda hipocresía y fachada. Gente que, sin creérselo y muchas veces sin apercibirse del tremendo don que poseen, causan un impacto beneficioso para todo y todos. Oasis en desiertos emocionales. Faros éticos en la oscura mediocridad que nos rodea.
Mucho se habla ahora de los nuevos héroes del verano; que si tal paga tanto por tener a "Pascual", que si otro vale tantos millones por conducir o especular. Surgen demagogos que ladran ante este despilfarro, pero que sin embargo callan e incluso adoran en silencio al potentado que los paga.
No acabo de entender como tanta gente prefiere adorar, respetar o escuchar a unos supuestos héroes que tan solo lo son debido al brillante y estupendo disfraz que llevan puesto.
Mis héroes no necesitan disfrazarse, ni llevar los calzones sobre los pantalones, ni volar sobre una targeta de crédito dorada. Mis héroes desprecian las capas rojas o azules, la gomina y los zapatos italianos.
Tengo una ventaja sobre los que adoran falsos y lejanos ídolos: mi devoción hacia unos héroes anónimos y cotidianos me permite estar cerca de ellos. La gente que preferimos este tipo de héroes, tenemos la oportunidad de vivir con ellos, de compartir sus penas y alegrías y de aprender de ellos sin necesidad de recurrir a revistas del corazón, televisiones o deportes que nunca practicaremos. Los otros, muy a su pesar, nunca serán invitados a la "batcueva" o a tomarse un margarita en una azotea de NY,... por más que juren amor eterno y las paredes de su habitación estén empapeladas con el héroe en cuestión.
Por contra, los que adoramos a los héroes de carne y hueso, imperfectos y feos, tenemos la inmensa suerte de pode estar cerca de ellos cuando realizan una gran acción o cuando necesitan descansar, o cuando necesitan un amigo, un abrazo....,. Mis héroes son anónimos y no es cuestión de publicitarlos ahora, igual se enteran que son héroes al leer esto....
Super 1: capaz de erradicar en décimas de segundo cualquier brote de depresión que amenace poseerme: basta con que me vea un momento triste, dubitativo ante la vida o en plena crisis de ánimos que ahí estará para hacerme partícipe de su enorme amor por la vida y por todo lo que contiene.
Super 2: me golpea con su aplastante pragmatismo, no exento de sensibilidad, y logra iluminar las habitaciones oscuras donde residen los fondos morales, dándole un sentido práctico y lógico a los hechos. Cuando dudo sobre que partido tomar, Super2 realiza un análisis lógico, ético y puro de los hechos. No duda ni un instante donde tienes que poner tu fuerza, tu valor. Es imposible ser cobarde a su lado.
Super3: me recuerda constantemente que el amor y la felicidad es lo primero, siempre; por encima de cualquier cosa material, primero debes intentar saciar y saciarte de felicidad. Super3 encuentra la felicidad en las cosas más sencillas: su enorme conocimiento de la naturaleza ilustra, sabe darte respuestas y ejemplos hasta demostrar que la perfección no reside nunca en las obras hechas por el hombre.
Super4: me asombra y me enseña cada día; refugiado bajo una capa de simplicidad, su bondad va un paso por delante de todos los que le rodean. La responsabilidad con la que mide cada palabra, cada acto de su vida es un magisterio que sólo un idiota desaprovecharía....
Super5: tremendo, creo que si se propusiera volar, aparecería mañana en cualquier tejado: Maestro zen, sabe crear en un instante un áurea de tranquilidad y paz a su alrededor independientemente del caos que pueda rodearle. Su humildad se acentúa al ser conocedor de su enorme don, reparte paz, instruye sin hablar y los hechos siempre responden por él...., tremendo.
Super6: qué decir?, a su lado se aprende a despreciar la ira, la envidia, a no chillar cuando se habla, a controlar el modo y el tono de decir las cosas. Aprendes a sentir el dolor ajeno, por consiguiente, Super6 te hace más humano..., un lujo.
Personajes extraordinarios, no exagero, que me ayudan, ayudaron y ayudarán a sobrellevar una vida como tantas, y no están todos; otra ventaja de tener por héroes a personas cotidianas y cercanas, es que siempre hay muchos más de los que esperas, tan sólo hace falta apartar durante un instante la mirada de los brillantes focos mediáticos y acercarse más a las zonas grises y reales de la vida....
¿Las fotos? Los dos del árbol son dos langures de cara negra, muy abundantes en la ciudad santa de Rishikesh: grandes simios asiáticos que en la India son venerados de una manera fanática, pues representan la encarnación en la tierra del dios Hannuman, el fiel esclavo y guerrero de Brahma. Esos monos viven sin ser molestados, alimentados y cuidados por devotos sagnasis. No quería poner la foto de un futbolista, de un actor o una estrella televisiva y me pareció que cualquiera podrá ver reflejada en la indolencia de esos monos, la actitud que muestran los que son adorados creyéndose que lo son por el mero hecho de ser lo que son, sin preguntarse si son realmente meritorios de ello: los monos no se dan cuenta de que no son más que monos y que tan sólo la visión que tienen de ellos algunos humanos, es lo que les convierte en algo divino....
La profe de la otra foto...., no recuerdo el nombre ni de la profe ni de la aldea en cuestión, recuerdo que era una aldea del Himalaya más rural, cerca de Kausani, a pocos kilómetros entre Nepal, India y China. Yo caminaba con la absurda intención de ver una huella de tigre o en su defecto algún chittal, que me habían comentado que abundaban..., paseaba no más, cuando me encontré esta pequeña escuela.
La profesionalidad y pasión con la que me enseñaba la escuela, los avances que realizaban, lo duro que le había costado ser profesora, la inventiva ante la austeridad, el frío del invierno, la alegría cuando la destinaron a esta villa remota...., otra super-héroe, lo dicho, hay a montones....


28/4/09

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El camarero del vetusto y sucio comedor me miró extrañado cuando me vio entrar junto con los dos chavales banghit. Es extraño que un turista entre a comer en uno de estos lugares insalubres y sucios donde comen los obreros de más baja casta de India. Hay buenos restaurantes locales, sucios y tétricos, pero donde los turistas pueden comer a un precio ridículo y sin riesgo a nada, pero este en concreto; con el camero cubierto de suciedad, las manos negras y unas mesas donde las moscas apenas dejan ver el sucio mármol, no me parecía el más adecuado. Sin embargo, los dos jóvenes banghit que me acompañaban lo habían escogido para ser invitados a comer.
El camarero salió del mostrador y procedió a expulsarlos del local creyendo que eran unos pedigüeños molestando a un blanco inocente: levanté la mano, comenté que venían conmigo y la sonrisa se borró de su cara. Aquí comenzó una lucha de castas, miradas y cabezonerías.
El camarero supone que soy de una casta alta por el mero hecho de poder viajar y tener la cara pálida, también sabe que unos banghit nunca osarían entrar en su local por voluntad propia, pues su sitio está aun más abajo en la sociedad: los banghit comen entre deposiciones, basuras y cadáveres de animales. Los banghit comen sobras, comida putrefacta sobrante de los mercados y restaurantes. Los niños lo saben, pues comen donde comen sus padres, pero aun son capaces de rebelarse ante el sistema y aun tienen la entereza y el valor de querer comer ahí.
Pude ver como razonaban ante la oferta de un buen thali. Si el sabib Joan me invita a comer un thali, pensaron, no le diré el sitio más caro que pueda imaginar, escogeré el lugar donde siempre he deseado comer un thali, el lugar que veo cada día. Un lugar donde la gente se sienta en un banco de madera para comer. Un lugar donde la comida está caliente y servida en un plato de aluminio. Un lugar donde el agua es fresca, abundante y limpia.... A estos dos chavales les he visto crecer desde siete años atrás: han salido adelante en condiciones duras, muy duras. Venden postales, hacen recados, y "recolectan" turistas para las tiendas, restaurantes y hoteles.
Los banghit son unos de los intocables más intocables de la India: su casta se dedica a recoger excrementos de vacas, que una vez amasados con cañas secas y secados al sol serán usados por las familias más pobres como madera o carbón. El humo que desprenden estas "tortas" de mierda al arder es blanco y espeso, con un olor inconfundible. Los banghit también se dedican a limpiar las calles de basura, recogen los cadáveres de perros y ratas muertos que quedan en el asfalto, queman ropa impura y desatascan el sistema de alcantarillas....

El camarero se encontraba en un conflicto provocado por mi cabezonería. Ajush y Salim son los dos chavales banghit: siempre que paso por Benarés procuro comprarles algo de ropa e invitarlos a comer de tanto en tanto: son dos amigos muy cómicos dentro de su desgracia. Listos y rápidos; desde el primer día me recordaron a la figura del famoso Kim de la India. Siempre han sido honrados conmigo: les encargo buscarme el tabaco, el te, o hacer recados y siempre vuelven con el cambio exacto: a pesar de su extrema pobreza nunca me han sisado
Una de las preguntas más recurrentes que me hacen en Europa acerca de la India es sobre los intocables, los parias, los achutas, los sin nombre, los dalit. Me dicen que no pueden comprender como una persona se resigna a ser lo que el destino y la sociedad ha concebido para ellos. Desde la cómoda posición europea es fácil arreglar el mundo y encontrar soluciones para todo, y no mirar la viga en el ojo propio.....
El antiguo código de creencias que dio origen a las castas hace unos 1.500 años sigue inponiéndose sobre la ley y la constitución hindú. Nadie se suele preguntar ni piensa, que la simple existencia de una ley que protege a los achuta, en contra de la discriminación por castas, ya es un paso mucho más grande de lo que podamos llegar a imaginar nunca si no se ha visitado ese país. Los primeros libros vedas no hablan acerca de esta discriminación, y muchos piensan que sucedió lo mismo que en Europa: la sociedad se fue estratificando en sectores debido a la masificación y al aumento de la producción y su consecuente creación de riquezas.
Vayamos por partes: las varnas o castas son cuatro y estas se subdividen en un sin fin de subcastas. Todo ser humano proviene de un ser único, un Todo, y de su boca surgen los brahamanes, (sacerdotes y doctores), de sus brazos surgen los kashatriya, (gobernantes y soldados), de los muslos surgen los vaisya, (mercaderes y comerciantes), y de los pies surge la casta mayoritaria en India y la más baja, los sudra, (campesinos y agricultores). Pero hay un grupo de gente, cercano a los 200 millones de seres humanos, que no surgen de ese Todo: los intocables no pueden beber en el mismo lugar donde los demás beben, no pueden comer donde los demás comen. Los trabajos más peligrosos, sucios e insalubres están reservados para ellos.
Conozco al padre de Salim, y aún tras unos años de conocernos, se sigue sorprendiendo que le de un abrazo, pero se resiste a entrar a comer a un restaurante conmigo: Krisnha, mi amigo, me dice que es normal, que a cierta edad cada uno ya sabe el papel que debe representar en la sociedad, de ahí que no exista un atisbo de rebeldía entre los intocables. Se resignan a ser lo que son.
Los niños, los ancianos y los locos son los únicos que parecen rebelarse ante esta resignación. Cuando veo que la gente en Europa cataloga sin saber nada del Otro, encuentro cierta similitud: si eres ama de casa, no tienes estudios, si eres peón, careces de sensibilidad para apreciar el arte, si eres aristócrata, nunca te pararás a mirar que hay debajo de tus pies. Si eres de derechas eres tal y si eres de izquierdas pascual. Pienso que en Europa hay la misma resignación una vez se ha clarificado el rol que nos pertenece, encuentro a faltar algo de rebelión, de testarudez, de mala leche entre el pueblo llano. Nos parece que tal y como estamos es como deberíamos estar....
No dejaré de aprender, de cuestionar, de incitar o de provocar...., aunque tal vez este sea el papel que me toca representar...., qué lío.
Yo tomé un chai mientras los miraba comer con ganas el thali, sonrientes y con un punto de desafío cada vez que le pedían agua al camarero. Después pagué, unos 40 céntimos de euro los dos platos y el te, y seguí caminando pensando en la valentía de Ajuhs y Salim....